Un Chile con rostro de mujer: El legado de igualdad y protección en Aysén
Al cumplirse cuatro años de la administración del Presidente Gabriel Boric, el balance en materia de equidad es categórico: avanzar en igualdad de género no fue sólo una declaración de principios, fue una política pública concreta. No se trató solo de palabras, sino de leyes, programas y, sobre todo, de una presencia real del Estado en los territorios.
Un hito fundamental de este periodo es la Ley de Pago Efectivo de Pensiones de Alimentos, conocida como Ley «Papito Corazón». En sólo dos años, esta normativa permitió ordenar el pago de más de 2,5 billones de pesos, beneficiando a más de 282 mil familias a nivel nacional. Con ello, el Estado entregó una respuesta de justicia a miles de mujeres, niñas, niños y adolescentes que por años vivieron la desprotección y la indiferencia.
Este compromiso se profundizó con la entrada en vigencia de la Ley Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia de Género. Esta ley elevó los estándares de acción pública, fortaleció las medidas cautelares, amplió la protección a relaciones sin convivencia, incorporó la violencia digital como delito y, en un acto inédito dentro de nuestra legislación, reconoció a hijos e hijas como víctimas directas de la violencia que viven sus madres a través del daño hacia sus hijos e hijas, más conocida como violencia vicaria.
En nuestra región, estos avances tienen nombres, apellidos y lugares. La modernización del SernamEG se tradujo en la instalación de Centros de Atención Especializada en Violencias de Género en todas las regiones del país. Hoy, Aysén cuenta con su primer centro de este tipo, brindando atención jurídica, psicológica y social especializada a mujeres que enfrentan situaciones de violencia grave o extrema.
Sin embargo, la libertad de las mujeres también pasa por su independencia financiera. Programas como de 4 a 7, Mujeres Jefas de Hogar, Mujer Emprende y Mujeres Rurales han sido pilares fundamentales para fortalecer la autonomía económica. Gracias a ellos, miles de ayseninas -incluso en las zonas más aisladas- han accedido a capacitación, han mejorado sus ingresos y han logrado mantenerse en el mundo laboral.
Nuestra gestión en la región ha tenido un marcado enfoque territorial. Hemos trabajado codo a codo con mujeres rurales, del sector pesquero, campesinas y cuidadoras, fortaleciendo la prevención y la primera acogida. Hoy, el Estado llega antes, llega mejor coordinado y tiene una mayor capacidad de respuesta frente a las urgencias de las ciudadanas.
Sabemos que aún existen brechas y desafíos pendientes, el camino hacia la igualdad plena es largo. Pero, tenemos la convicción de que pudimos avanzar con paso firme. Se avanzó en derechos, en protección y en corresponsabilidad, dejando bases sólidas para que estos cambios sean irreversibles y sigan transformando la vida de las mujeres y las comunidades de nuestra región de Aysén.




