El temor y la propuesta: Bonus Track de la serie «Los Canales que escuchan»
El equipo del CIEP zarpa de Puerto Chacabuco al amanecer. La barcaza corta el agua gris. El viento viene del oeste. En la cubierta, los investigadores revisan sus grabadoras, sus hojas de asistencia, el mapa de los caladeros. No saben bien qué encontrarán en la sede de la Junta de Vecinos. Llevan una presentación, gráficos, la normativa impresa. Pero en el archipiélago no se lee en PowerPoint.
En la sede, los pescadores llegan de a uno. Se sientan en sillas de plástico. El mate pasa de mano en mano. Nadie habla todavía.
Para iniciar la conversación, Gustavo explica la Resolución Exenta N° 2827: la preocupación por las ballenas, el requerimiento de la NOAA, el cambio de materialidad de los cabos. Pero antes de que termine, alguien corta:
—Nosotros no tenemos ese problema acá. Ese problema es inventado. No hay enredos con las ballenas en los canales de acá.
Otro agrega: —Y si ponemos cabo perlón en las líneas, el costo sube tres o cuatro veces. Además, si al cabo le ponemos plomos, el material se enreda en el fondo. Hacemos más daño.
Un tercero suma:
—La trampa quedaría amontonada por el peso. En las partes correntosas, se pierde.
Gustavo escucha. No interrumpe. Los pescadores hablan de trampas, de profundidades, de la corriente que cambia el rumbo de los cabos. Hablan del precio, del poder comprador, de la asimetría que los deja en el eslabón más débil de la cadena. Hablan de la planta que cierra, de la patente que se pierde. Hablan de lo que saben porque lo han vivido.
Los pescadores no están en contra de la conservación. Están en contra de una norma que no conoce su territorio. La temporalidad de la pesca no coincide con la estacionalidad de las ballenas. Los canales no son someros. Las profundidades llegan a 200 metros o más, no a 20. Cada objeción es un dato. Cada dato es un conocimiento que no está en los informes.
El equipo CIEP sigue escuchando. Saben que en los primeros minutos es importante dejar que los pescadores se expresen.
De pronto, llega la calma, y el equipo CIEP continúa:— Lo que han compartido con nosotros es entendible. Pero la centolla que se extrae en Chile, y específicamente en Aysén, se comercializa en otros países. Allí el poder comprador establece reglas que, si no se cumplen, podrían significar el cierre de mercados.
Los pescadores se miran con asombro y preguntan:— ¿Y qué se puede hacer para que no afecte la pesca? Este es el momento que se esperaba para explicar la naturaleza de la normativa y cómo el proyecto que realiza CIEP puede aportar.
La actitud de los pescadores cambia, y de una primera disposición de disconformidad, la mayoría de ellos participa con entusiasmo, intercambiando opiniones más constructivas. El equipo CIEP siente que se logró el objetivo y agradece a los pescadores su asistencia y cooperación.
La barcaza regresa al atardecer. El viento ha cambiado. Las naves se pierden en el archipiélago.
En la cubierta, los investigadores revisan las notas. Los pescadores hablaron sobre que los estudios se hicieran en el agua, no en tierra. Y que el equipo navegara con ellos. Que las decisiones no se tomaran sin ellos.
El equipo CIEP volverá en los próximos meses, como prometió. Navegará con los pescadores. Ya están probando las trampas. Escuchará el fondo del fiordo.
Pero el regreso también es una pregunta. ¿Cuánto de lo que se conversó en la sede llegará a las mesas de decisión? ¿Cuánto de ese conocimiento se traducirá en medidas concretas?
El mar sigue su curso. La centolla también. Y los pescadores, en sus lanchas, siguen esperando que alguien escuche lo que tienen para decir.
Nota editorial: Esta crónica fue tejida a partir de las transcripciones de los talleres participativos realizados por el CIEP en enero de 2026 (Puerto Aguirre, Caleta Andrade, Melinka y Cisnes), de las notas complementarias de Gustavo Aedo y Pablo Aranda. La pieza forma parte de la serie “Los Canales que escuchan” y documenta el proceso de diálogo entre la investigación científica y el conocimiento local de los pescadores artesanales de la Región de Aysén, en el marco del Objetivo Específico 5 del proyecto: transferencia y difusión.
Publicación en el marco del Proyecto “Línea base para la certificación de la pesquería de centolla en la Región de Aysén”, código BIP 40069412-0, correspondiente al Fondo Regional para la Productividad y Desarrollo, financiado por el Gobierno Regional de Aysén y su Consejo”.




