Serie narrativa «Los Canales que escuchan»: Proyecto de certificación de la pesquería de centolla en Aysén

El día que el CIEP dejó de ser un instituto de elite

Serie «Los Canales que escuchan», crónica desde la investigación de la centolla en Aysén.

En julio de 2026, en el XLV Congreso de Ciencias del Mar de la Universidad de Concepción, las voces de la academia y la institucionalidad se encontraron en un mismo espacio. En el simposio “Pesquerías de Crustáceos Bentónicos del Sur de Chile”, el equipo del CIEP compartió mesa con investigadores de IFOP, académicos de la PUCV y funcionarios de SUBPESCA. No era una coincidencia: era el reflejo de un cambio que había estado gestándose durante años en los fiordos de Aysén.

Entre las presentaciones sobre madurez morfométrica, indicadores empíricos y adaptaciones bioenergéticas, una voz institucional se detuvo en la pregunta que atraviesa todo el proyecto de certificación: ¿cómo se traduce un estudio científico en una medida que llegue a los pescadores?

Ramiro Contreras no es un investigador. Es funcionario de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura y fue hasta hace pocas semanas presidente subrogante del Comité de Manejo de Jaibas y Centolla de la Región de Aysén. Su trabajo no ocurre en el laboratorio ni en la cubierta de una lancha, sino en la mesa donde la evidencia se convierte en norma. Pero para entender su lugar hoy, hay que retroceder unos años. Hasta el momento en que el CIEP no tenía un asiento en esa mesa.

Hace algunos años, en las caletas de Aysén, el nombre del CIEP no abría puertas.

—Era catalogado como un instituto de investigación de elite —recuerda Ramiro—. Los pescadores artesanales no veían que estuvieran respondiendo a sus necesidades. Había mucha ciencia de glaciares, de ecosistemas, pero no impactaba de manera directa en resolver los problemas de la gente.

La distancia entre la ciencia y el territorio no era geográfica. Era cultural. Los pescadores artesanales no reconocían en los estudios del CIEP respuestas a sus preguntas cotidianas: ¿dónde está la centolla? ¿por qué cambian los caladeros? ¿qué podemos hacer para que el recurso dure?

—Durante mucho tiempo —agrega Ramiro—, el CIEP fue visto con desconfianza. No había relación con los pescadores. Y en un territorio donde la confianza es la moneda de cambio, esa ausencia pesaba.

El Comité de Manejo, mientras tanto, avanzaba con las herramientas que tenía: informes y monitoreos de IFOP, datos de desembarque, la experiencia acumulada de los pescadores. Pero faltaba algo. Faltaba una investigación que mirara el territorio con la lente adecuada: no desde la distancia, sino desde el agua con enfoque exclusivo en Aysén.

El cambio comenzó cuando el CIEP empezó a hacer algo distinto. No solo investigar, sino sentarse en la mesa.

—Hubo un momento —dice Ramiro— en que comenzaron a trabajar los chiquillos de la línea de pesca artesanal. Partió primero la Paula con la Madeleine, y fueron de a poco integrándose en las mesas de conversación. Después comenzaron a hacer estos estudios de jaiba y centolla junto con Gustavo. Y ahí hubo una especie de lavado de imagen del CIEP.

Los pescadores empezaron a ver que el CIEP sí estaba haciendo cosas con ellos, no solo sobre ellos. Los datos que levantaban —sobre selectividad, sobre carnadas, sobre la estacionalidad de la captura— respondían a preguntas que los propios pescadores se hacían en sus faenas.

—Ahora hay muchos pescadores que llaman al equipo de pesca del Ciep —dice Ramiro—. Los tienen dentro del radar de instituciones que aportan información relevante.

El CIEP pasó de ser un instituto de elite a ser un aliado. No porque hubiera cambiado su rigurosidad científica, sino porque había aprendido a escuchar.

Hoy, el CIEP es invitado permanente del Comité de Manejo de Jaibas y Centolla. No ocupa una silla por cortesía, sino porque los pescadores y las plantas de proceso reconocen que su investigación responde a las necesidades del territorio.

—Están permanentemente sentados en la mesa —explica Ramiro—. Están retroalimentando en todo momento al comité, junto al IFOP. De hecho, parte de la investigación que está haciendo el CIEP fue levantada como una iniciativa dentro del Comité de Manejo, como una necesidad.

En el simposio de Concepción, el trabajo conjunto se hizo visible. Madeleine y Gustavo, junto a los investigadores de IFOP y los académicos de la PUCV, compartieron resultados que no solo informan a la comunidad científica, sino que alimentan decisiones concretas: la revisión de la talla mínima legal, la evaluación de la veda, el diseño de trampas más selectivas.

—Si no estuviéramos alineados —dice Ramiro—, no podríamos justificar las medidas que planteamos. Necesitamos los insumos que levantan los investigadores científicos. Los datos que tenemos siempre van a ser pocos. No podemos tomar decisiones a ojos cerrados.

La desconfianza que alguna vez cerró puertas se ha transformado en una alianza que hoy recorre el país: desde los talleres en Puerto Aguirre hasta las salas del Congreso de Ciencias del Mar. El CIEP ya no es un instituto de elite. Es un invitado permanente.

Y los canales, mientras tanto, siguen escuchando.

Nota editorial: Esta crónica fue tejida a partir de la entrevista a Ramiro Contreras (agosto de 2026), funcionario de SUBPESCA y presidió el Comité de Manejo de Jaibas y Centolla de la Región de Aysén, en el marco del XLV Congreso de Ciencias del Mar de la Universidad de Concepción. La pieza forma parte de la serie “Los Canales que escuchan” y documenta la evolución de la relación entre el CIEP, los pescadores artesanales y la institucionalidad pesquera en la Región de Aysén.