Seremi de Agricultura y manejo de la cuncunilla negra: “Los números no reflejan una catástrofe en el campo”
El Gore Aysén inyectará $750 millones a través del programa FNDR Suelos para que los agricultores adopten medidas contra la larva. Autoridades aclaran que la cifra de 4.300 millones en pérdidas es un escenario hipotético y no una realidad constatada, enfatizando que no hay ganado muriendo por falta de forraje.
Frente a la creciente preocupación por la presencia de la cuncunilla negra (Dalaca spp.) en praderas de la región, el Consejo Regional aprobó un presupuesto de $750 millones destinados a fortalecer el manejo de esta plaga. Sin embargo, en un esfuerzo por entregar información precisa y evitar falsas alarmas entre la comunidad y los mercados, las autoridades regionales salieron al paso de las interpretaciones sobre el real impacto del insecto, aclarando que las cifras millonarias, y posibles muertes de ganado, que se han planteado responden a un ejercicio hipotético y no a la realidad actual de los predios.
Los recursos aprobados, que beneficiarán a pequeños y medianos productores agrícolas, se canalizarán a través del programa FNDR “Transferencia recursos para incentivar la implementación de prácticas silvoagroambientales” más conocido como “Suelos Aysén”, un instrumento ya existente y en ejecución. Esto significa que se incluirán nuevas labores a la tabla de costos regional del programa que se relacionan con el control, manejo y mitigación de la plaga y ahí el productor elegirá si incorpora dichas prácticas de ser pertinentes para sus praderas.
El seremi de Agricultura de Aysén, Eugenio Ruiz, valoró la iniciativa, destacando que el enfoque no es únicamente reactivo, sino formativo. “Vamos a abordar la problemática desde tres ámbitos: las acciones concretas de control, la continuación de la investigación, y la capacitación a los campesinos”, explicó Ruiz, añadiendo que se promoverá el uso de métodos diversos, que van desde controladores biológicos como virus y hongos hasta el aumento de la carga animal por pisoteo, buscando evitar la dependencia exclusiva de agroquímicos.
Cifras
Respecto a la alarmante cifra de $4.300 millones en pérdidas anuales y 3.000 novillos que circuló en el comunicado oficial, emanado desde el Gobierno Regional de Aysén, fuentes técnicas del sector aclararon el origen de estos números. Se trata de una proyección estadística presentada en su momento por INIA Tamel Aike, basada en un modelo de supuestos. «Se calculó sobre la base de un 50% de pérdida de productividad en praderas sembradas, traducido a miles de kilos de materia seca, y de ahí a carne, utilizando un factor de conversión. Es un cálculo hipotético, no un catastro de daño real en el campo», explicó, Eugenio Ruiz.
La autoridad regional hizo un llamado a la calma, subrayando que “no existe evidencia de mortandad de ganado por inanición” derivada de esta plaga en la región. La cuncunilla negra no es un invasor externo reciente, sino un insecto nativo del suelo cuya presencia se ha visto favorecida por las condiciones del cambio climático, inviernos más suaves y menor precipitación sólida, entre otros; un fenómeno que también se replica en regiones vecinas como Los Ríos y Los Lagos.
La plaga, que en su estado larval se alimenta de la base de las praderas, presenta hoy un desafío doble para Aysén. Mientras en otras zonas del sur los productores han optado por soluciones rápidas basadas en agroquímicos con resultados inmediatos, pero con efectos colaterales en insectos polinizadores y degradadores de materia orgánica, la región busca equilibrar la urgencia productiva con la sostenibilidad.
«La región atraviesa una encrucijada: enfrentar este problema con soluciones fáciles, pero con un daño colateral difícil de medir a futuro, o hacerlo de manera progresiva con medidas agro-sustentables», señaló el seremi de Agricultura de Aysén, reforzando la idea que, si bien la cuncunilla está presente, su impacto no ha alcanzado los niveles de catástrofe que se han insinuado.
Con esta inyección de recursos, la región apuesta por un modelo de intervención que permita convivir con la plaga mientras se mitiga su avance, sin caer en falsas expectativas ni en el alarmismo. La invitación a los productores es a informarse a través de los canales técnicos y a participar en las capacitaciones para adoptar las herramientas que mejor se adapten a la realidad de cada predio, entendiendo que la fotografía del daño no es real y que, actualmente, el campo regional sigue en pie, produciendo y sin emergencias agrícola como algunos indican.




